Un Viaje Anunciado

Gris. La cielo no sabe que hoy tengo que viajar y amaneció dejando caer toda su fuerza sobre la ciudad. El reporte de clima anuncia lluvias para los próximos siete días. Levantarme de la cama me toma más esfuerzo de lo normal.

Crap. Sigue lloviendo y tengo que salir. Atravieso tres calles antes de llegar a mi destino, la parada del camión. Con los pantalones mojados me abro paso entre las personas que, igual que yo, intentan llegar a sus trabajos, escuelas, y demás. Apenas encuentro un lugar me siento y empiezo a repasar mis apuntes, tengo tiempo de leer unas cuantas páginas cuando el letrero amarillo me indica que estoy cerca.

¡Bajan! el chofer me escucha y como si supiera justo a donde me dirijo se para justo frente a la entrada. Atravieso una calle más antes de encontrarme con los torniquetes de la puerta. ¡Bip!

Me abro camino entre el sendero que lleva al edificio de salones, hace años que debieron arreglar ese maldito caminito de tierra, pero claro no es una urgencia porque somos pocos los que lo transitamos a diario.

Comienza el examen, al principio todo bien, preguntas a las que conozco la respuesta, después se complica, ¿falso o verdadero?, debí revisar ese tema con más detalle.

Afuera el cielo sigue cayéndose y por las grietas del techo entra el agua a inundar los pasillos. De sorpresa un ride. ¡Yes!. No tengo que caminar a casa.

Ahora estoy cerca, me acabo mi cigarro antes de entrar, el pasillo del primer piso parece una alberca y mis pantalones que casi se secaban vuelven a tomar ese color obscuro producto de la húmedad.

Adentro es otra historia, la mayor parte está seca pero las puertas dejan entrar el agua por sus agujeros. Mi maleta no está lista y para colmo olvide pasar al cajero antes de salir de la escuela, ahora voy a tener que hacer una parada antes de llegar a la central.

Termino de arreglarme y estoy con un pie afuera cuando mi prima se ofrece a llevarme. Después de una parada rápida en el cajero llegamos a la central. El taquillero me ofrece la salida próxima sin decirme que es más cara que la siguiente que llega quince minutos después, cambia mi boleto al “barato” y le entregó mi tarjeta de viajero frecuente, que según yo tenía suficiente saldo como para hacerme un descuento, pero me dice que no lo puedo utilizar hasta que llegué a equis cantidad. OK.

Espero a que llegue mi camión afuera del edificio porque soy una fumadora compulsiva a la que no le importa que siga lloviendo siempre y cuando pueda echarme un cigarrito antes del viaje.

Por fin estoy en sentada pero no podemos avanzar porque una señora discute acerca de los lugares en los que tiene que sentarse, al parecer están ocupados y ella se niega a ocupar otro de los asientos, such a drama queen, todo el autobús se entera que uno de nuestros compañeros de viaje se equivocó de asiento y somos testigos del regaño que recibe.

Nos movemos. Por fin estoy en camino a casa. O al menos eso creo, va a ser una semana larga, MUY larga. Espero no haberme equivocado de autobús.

One thought on “Un Viaje Anunciado

  1. odio viajar en camión todo amontonado y demasiados humanos; lo bueno son los paisajes y el momento privado para escuchar música y pensar en cosas existenciales que al final se vuelven puras tonterías como: esa nube parece un cangrejo.

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